Con la puesta del sol de esta tarde se puso también el año académico. Aunque aquí en la Yunai hoy era feriado, trabajé todo el día en reportes, informes y papeleo y terminé mis labores. Al final de la tarde salí a caminar por mi barrio y bajé a la orilla del Lago Prospect en el parque.

Desde allí vi a Selene aparecer en el firmamento, mientras Helios se despedía y dejaba tras de sí, en el cielo occidental, un rastro de matices rosa y naranja. Yo sentía placidez y satisfacción por lo logrado este año, entre algunos contratiempos y dificultades pero también con mucho brío y algo de disfrute.
Me quedé contemplando el entorno desde la orilla sur. El agua estaba calma, apenas formando leves ondas cuando pasaba algún pato pataleando. En el lado norte del lago, se mostraba oscura por la sombra de las arboledas, mientras que cerca de mí aún resplandecia al reflejar la postrera luminosidad del cielo.

Conforme oscurecía, yo profundizaba mi respiración y desaceleraba y acallaba el pensamiento. Presencié el instante en que apareció Venus en el firmamento, al principio tenue y, poco a poco, más refulgente. Luego apareció Júpiter, más alto y distante.

Y finalmente titilaron las cabezas brillantes de los Géminis, Cástor y Pólux. Aprecié a la diosa, al dios y a los gemelos, observé los últimos resplandores del agua, di gracias a la vida por el año disfrutado y bien vivido, hice una reverencia al lago e inicié, en silencio, el camino de regreso a casa.

Pero no solo de Natura y contemplación vive el hombre. De camino pasé por el puestito de empanadas argentinas del barrio, compré dos de espinaca y una de pollo y, ya en casa, las acompañé con una pilsen de Coney Island. ¡Salud! Feliz verano.