El helecho me sorprendió mientras yo tendía mi traje de natación en el tendedero. Miré al muro trasero del patio de la casa que está cubierto de una enredadera que mis papás sembraron para embellecerlo, cubriéndolo de hojas finas de color verde oscuro. Atisbé un detalle que no esperaba. Un helecho había brotado y crecido espontáneamente entre la enredadera.

Lo admiré durante un pacífico minuto, después de nadar y antes de hacer el almuerzo. Seguramente algunas esporas cayeron allí, entre las raíces de la enredadera que se aferran al muro, y en un poquito de tierra encontraron una oportunidad para vivir. La aprovecharon.
El detalle me hizo pensar en las maravillas del neotrópico, en cómo aquí la vida brota de cualquier resquicio, grieta o hendija.

Observé otros detalles. De la base de esa misma pared brotan las hojas de la planta llamada “Corazón de Jesús” (Caladium bicolor) y se abren al mundo. A su lado ha nacido y crecido un lirio caminante (Neomarica sp.) de flor amarilla.

También me tomé unos segundos para admirar esas plantas. Aproveché un breve instante para maravillarme en medio de los quehaceres de este viernes de mayo.

Recordé que de una hendija en la base del portón del frente de la casa, hace tiempo brotó un geranio que siempre da flor roja y aroma. Fui a visitarlo.

Ya almorcé y tertulié y ahora estoy escribiendo frente al patio de luz (jardín interior) de la casa, mientras cantan los comemaíz (Zonotrichia capensis), un yigüirro (Turdus grayi) invoca a la lluvia y las palomas aliblancas (Zenaida asiatica) llaman y llaman preguntando: “¿Quién eres tú?”
En este momento soy un amante de la vida que brota y brota con toda su generosa y exuberante espontaneidad, expresión de Natura naturans.

[Foto de portada: Plantas del patio de luz. Escribo mucho sobre este patio en mis memorias, Sino peripatético, cuyo enlace de venta con Sudaquia Editores de Nueva York está en este mismo blog, para aquellos que gustan de leer libros de editoriales independientes, escritos y publicados por amor al arte.]