Cuando llego a una nueva región, me gusta observar quiénes viven allí.
Me refiero a los seres humanos, claro, pero también a otros habitantes: flora y fauna e incluso minerales.
Se trata, quizá, de ver a la región no solo como sociedad y polis, sino también como bioregión.
En el sertão paulista, he podido rencontrar algunas especies de flora y fauna neotropicales conocidas para mí y encontrar nuevas especies. Quizá sucede por ser ésta una zona de transición entre la antigua, pero devastada, mata atlântica (bosque tropical húmedo) y el Cerrado del interior árido en las cercanías del Trópico de Capricornio.
Cada día la Vida me ha traído una novedad y he conocido una nueva especie. Cada día también ha habido algún reencuentro feliz.
Aves, mamíferos, insectos, reptiles, anfibios, árboles y arbustos con sus flores y frutos, plantas epífitas, tierra rojiza, rocas — todos me han acompañado.
Me han ayudado a sobrellevar las dificultades para adaptarme a un clima semidesértico: por las tardes la temperatura máxima puede superar los 35 grados centígrados, pero en las madrugadas puede bajar a 8 centígrados. Hay sequía y polvazal. Y debido a los incendios forestales y agrícolas masivos que están asolando al territorio brasileño, ya llevamos muchos días de cielo gris blancuzco por el humo y aire insalubre para respirar.
Aún así, establecer campamento junto al bosque, en las márgenes del río Prata me ha regalado vivencias maravillosas con los habitantes del sertão paulista, hijos de Natura Naturans.
Comparto acá un registro fotográfico parcial de esos encuentros y reencuentros sertanejos y neotropicales. Los seres fotografiados, y muchos más apenas atisbados, han sido mia hermanos.








