Se suponía que el año de vida–la vuelta de Gea alrededor de Helios–que terminó ayer, sería de jubileo para mí.
Hasta cierto punto lo fue: vi muchos frutos de mi trabajo, sobre todo el filosófico, en la procura de diversificar y pluralizar las tradiciones filosóficas que se estudian, discuten y elaboran en Brooklyn, y en festejar amistades intelectuales al estilo de Simposio o Banquete, de Platón. Avancé, con placer, en el estudio de filosofías de pueblos originarios de América.
Además pude cultivar el arraigo (groundedness) en Nueva York y San José, caminando, yendo a museos, muestras de arte, conciertos. En Brooklyn, la piscina de Brooklyn College, el bosque a orillas de Prospect Lake y el Jardín Botánico fueron mis refugios vitales, así como el escenario musical de Barbès y el cine y teatro de Brooklyn Academy of Music proveyeron gran disfrute cultural.

Logré viajar por hermosos lugares de Costa Rica–ríos como el Minas, el Tiribí, el Lajas y la poza los Coyotes; parques y reservas como Cabo Blanco, Curú, Santa Rosa y Carara; playas como Panamá, Hermosa, Bonita, Real, Tamarindo y Herradura; los territorios indígenas de Matambú (Chorotega) y Quitirrisí (Huetar); recovecos del distrito de Tárcoles, en antiguas tierras de Garabito. Y logré nadar en aguas abiertas en el Golfo de Papagayo, el Lago Arenal en Tilarán y Playa Conchal–con contrastes de éxitos y frustraciones, pero me lancé al agua.

Además viví la bellísima, enriquecedora y apasionante experiencia de conocer la Estambul de Ada y Güneç–Estambul milenaria, bizantina, musulmana, mística, musical, literaria, secular, comercial, artística, gatuna, marítima, navegante, cotidiana.

Agradezco el año vivido. Pero trabajé demasiado y no disfruté lo suficiente de la presencia y compañía de mis personas más amadas. Así que he decidido regalarme una extensión del jubileo. Sé que no es lo que está escrito, pues el jubileo es de un solo año.
El año de jubileo lo declararán ustedes año santo: será un año de liberación, y en él anunciarán libertad para todos los habitantes del país. Todo hombre volverá al seno de su familia y a la posesión de sus tierras. Será para ustedes año de liberación, y en él no deberán sembrar, ni cortar el trigo que nazca por sí mismo, ni podar los viñedos ni recoger sus uvas, porque es un año santo y de liberación para ustedes. Comerán sólo lo que la tierra produzca por sí misma.
Levítico 25:10-13
Pero no soy fundamentalista, en ningún sentido. Lo que está escrito, se puede revisar, y quiero hacerlo. Pienso que la literatura sapiencial es consejera y sus recomendaciones pueden adaptarse a las circunstancias, mirándolas bajo la luz de la experiencia.

Bienvenido sea, entonces, el renovado jubileo. Un año más. Lo recibo en La Libélula, en esta grata y generosa tierra tarcolina, sagrada para mí, acompañado por aves, insectos y plantas, y sintiendo el amor de mis ángeles terrenales, aunque estén distantes.
