Hace una mañana hermosa en San José: soleada, tibia, cúmulos y estratocúmulos dándole textura al horizonte, sobre las cumbres de las montañas del suroeste en Alajuelita, Escazú, Santa Ana.
En mi jardín, florecen la passiflora alata (belleza amazónica y purpúrea) y la passiflora vitifolia (roja pasión), así como las rosas magenta. En cualquier momento vendrá la pareja de colibríes amazilia tzacatl –mensajeros de esmeralda con colas de destellos broncíneos– que ha estado visitando las flores púrpura del rabo de zorro (Stachytarpheta).
Hoy leí una oración extraordinaria en la reflexión de Mark Nepo en The Book of Awakening / Un libro para renacer cada día. Aunque la he leído muchas veces, año tras año, el 24 de diciembre, ha sido hoy cuando me ha parecido brillar con luz propia, en medio de todo el texto:
Tal vez el amor es un instrumento que tocamos [de todo corazón] en una orquesta que todavía no se reúne.
Perhaps love is an instrument we play [wholeheartedly] in an orchestra yet to be convened.
Siento que este año ha sido así para mí. Ha sido un año de darme mucho al componer y ensayar varias piezas afectivas e intelectuales, personales y profesionales, sin tener certeza de que resultarán melodiosas y harmónicas, ni de que habrá una orquesta dispuesta a tocarlas.
Pero aquí estoy, descansando para retomar el intento el próximo año, mientras disfruto de mi jardín, de mi familia y del deseo de gozar una feliz Noche Buena en mi valle, rodeado de mis montañas.

[Foto de portada: Passiflora vitifolia]