Los elementos en el cráter del Poás

Ascendimos de nuestro valle, por las laderas del coloso, hasta el mirador del cráter en el Parque Nacional Volcán Poás. Mi mamá y yo no habíamos subido juntos desde hace unos ocho años. Esta vez nos acompañaron mi tía Zaira y nuestra lejanísima prima Isabel.

Gran parte de mi sensibilidad contemplativa en la naturaleza la heredé de mi mamá, así que nuestro objetivo era similar: sentir y disfrutar, con los cinco sentidos, el pensamiento y el corazón, de la energía del volcán, en las cercanías de su cráter.

Estratos: Agua y velo de misterio

Así lo hicimos. Incluso Zaira, que nos contó historias y cuentos durante todo el camino, se quedó en silencio ante la magnifica vista, cuando los vientos alisios disiparon las nubes que cubrían el cráter.

Lago ácido en tierra pasada por fuego

Aparecieron entonces la laguna glauca, las paredes con sus capas de lapilli, ceniza, y bloques que indican distintas etapas en la vida activa del volcán y los relieves y superficie, siempre cambiantes, del fondo del cráter.

En visitas anteriores he prestado mucha atención a las especies de plantas y aves que viven alrededor del cráter. Esta vez también lo hice, al inicio, pero muy pronto mis sentipensamientos y mi vivencia se tornaron mucho más elementales.

Noté que los cuatro elementos de la antigua filosofía natural–agua, aire, tierra y fuego–se encontraban presentes en el cráter del Poás: el lago y las nubes dejando su rastro de humedad en las plantas; los vientos alisios; las capas multicolores de tierra y piedra; y la amplia evidencia–olores y rastros visibles de las erupciones–del fuego que da vida al Poás.

Pared: Lección de historia natural

Por algunos minutos, intenté simplificar mi experiencia a lo elemental: afirmarme sobre el terreno; respirar conscientemente; palpar el flujo de sangre en mis venas y la humedad en la piel; y sentir mi energía corporal y vital. Fueron efímeros, pero sublimes.

Nuestra visita fue breve, pues pronto los estratocúmulos nos rodearon y empezó a llover. El agua y el viento comenzaron a preponderar en nuestra percepción. Pero descendí al valle procurando mantener viva y fresca, en mi cuerpomente-corazón, esa vivencia elemental. Aún lo intento.

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