Uitsili: Amazilia verdiazul

Cada caminata trae sorpresas. Aunque recorra los mismos senderos o las mismas calles, en cada caminata natural o urbana aparece lo inesperado. En la del miércoles conocí un nuevo amigo: un colibrí amazilia verdiazul.

Al atardecer caminaba por un barrio cercano a mi casa cuando vi un colibrí posado en el alambre de púas de un parque clausurado. Ante mis ojos voló a un arbusto rabo de zorro (Stachytarpheta) cargado de inflorecencias para chupar el néctar de las florecillas púrpura. Atisbé iridiscencias verde esmeralda.

Me acerqué paso a paso. Despacio. Con calma. Con cautela. Llegué a un metro del arbusto y para mi sorpresa, el colibrí no huyó. Siguió besando las flores una por una mientras yo lo observaba. Detallé su rabadilla cobriza, su cola azul violeta y su piquito recto y negro. Estaba seguro de poder identificarlo después en mi guía de aves.

Allí me quedé deleitándome con sus destellos de esmeralda, cobre y cobalto en la luz oblicua del atardecer. Me permitió acompañarlo hasta que se sació y voló para posarse en lo alto de un árbol, en el extremo de una ramita quebrada. Le di gracias y continué mi caminata.

Al llegar a casa, lo identifiqué: Amazilia saucerrottei.

Desde entonces, he ido cada día a la misma hora al costado del parque. Y cada vez he encontrado al amazilia coliazul gozándose con las florecillas generosas. Me ha permitido acercarme al arbusto y observarlo hasta que él, amante hedonista, se satisface de néctar y se va.

Hoy lo tuve a medio metro. Incluso se posó en un tallo entreverado del arbusto y pude detallar la forma de su corona, nuca, dorso, rabadilla y cola. Nunca, en ningún lugar, había vivido tanta cercanía con otra especie de colibrí.

Mensajero de los dioses posado entre tierra y cielo

En náhuatl, al colibrí se le llama uitsili. En maya, ‘x ts’unu’um. Como tótem animista-mitológico mesoamericano, es un mensajero de los dioses. Como tótem naturalista, es un ave de corazón fortísimo, batir de alas veloz y versatilidad y habilidad para volar hacia adelante, hacia atrás y suspendido en un mismo lugar. Es el maestro del aire.

Pero para mí es simplemente un amigo. En esta época de distanciamiento social, en el que no hay encuentros con amigues, abrazos, besos, conversaciones en persona, ni miradas de frente, la cercanía del amazilia verdiazul ha sido un bálsamo. Es la amistad presencial más cercana que tengo. Y por ella, doy gracias.

Ojito de ónice, cuerpito de esmeralda, colita de cobalto

Foto de portada: Uitsili besando una amapola Malvaviscus arboreus.

Crédito de fotografías: C. I. Restrepo

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