Los días de fin de año y año nuevo han transcurrido de forma inesperada. Sentipensé que viajaría después de algunos días en familia, pero la Vida me ha anclado en mi barrio, casa y jardín. Quizá sea más acertado decir que me ha enraizado (grounded), aunque suene extraño en español. O, para decirlo en criollo, la Vida me dio un ¡estate quieto!
Entre Navidad y Noche Vieja, disfruté de mi San José casi vacía. Rehabilité a Fregata, mi bicicleta josefina, y salí a pedalear por las calles sin tránsito. Sentí alegría por “cletear” de nuevo por estas tierras de ascensos y descensos empinados, y soledad y saudade por antiguas cleteadas lúdicas.
Todas las tardes salí a caminar, justo al anochecer. Así observé aves urbanas, el paso de algunas aves migratorias rezagadas, y vi a la luna llena de diciembre aparecer sobre el Volcán Irazú.

Mientras deambulaba y disfrutaba de tanta tranquilidad, imaginaba las posibilidades de viajar en enero. En el fondo de mi corazón, pensaba enrumbarme hacia el Pacífico Sur.
Todo cambió en la Noche Vieja. En noche de luna menguante, llegó una crisis de amigues que atender. Acudí. Salvamos el momento de urgencia pero quedaban asuntos pendientes.
El primero de enero, por la tarde, salí a caminar y reflexionar. Sólo me crucé con una parejita de loritos frentirrojos que hacía un gran alboroto amoroso porque tenía todo el entorno para gozarlo: dos amantes a la intemperie, con Natura acunando su placer. Me alegré.
Cuando llegué a casa, empecé a sentir los síntomas de congestión y, horas después, la sinusitis aguda me agredía. Feliz año nuevo, mes amis: dos en el hospi, uno ponchado en casa, sin poder acompañarlos. ¿C’est la vie?
Es un misterio. “La vie est un mystère qu’il faut vivre, et non un problème à résoudre” – Ghandi.

Desde entonces, no he salido de casa. Pero he dado gracias por mi jardín. Bajo cielos azules y el esplendoroso Sol de Enero, he disfrutado de los detalles desaforados y sutiles de su belleza: la passiflora alata está cargada de capullos y todos los días se abren sus estrellas rojas; los lirios caminantes y los blancos están floreciendo con generosidad; el arbusto de pitanga está dando sus primeros frutos rojos y, aunque todavía no son muy dulces, son hermosos; decenas de libélulas me han estado visitando; brotaron varias hojas de corazón de jesús sin que nadie las hubiera sembrado; y una mariposa blanca, libérrima, ha estado besando las flores del arbusto de lotería.


También he disfrutado más días con mi familia de lo que esperaba y me han “chineado”. Mientras tanto, le pido a la Vida por mis amigues. Yo ya hice lo que pude y ahora todo le queda a los ángeles y al Amor.
