Océlotl

Océlotl significa jaguar en náhuatl. En la cosmovisión nahua de toltecas y mexicas, el jaguar es la manifestación animal de Tezcatlipoca, dios de la noche, del firmamento, de los vientos nocturnos, de las montañas, cuevas y cavernas, asociado con la piedra de obsidiana. Las manchas negras de su piel representan a las estrellas.

Hace un tiempo, conversé con una puma de montaña sobre cómo los pueblos originarios del Pacífico norteamericano construían sus tótems de madera. Tallaban un gran árbol en el que representaban a cuatro animales: uno de la tierra, uno del cielo, uno del agua y otro de agua y tierra.

Tótem en Vancouver: Abril 2019

En esa conversación lúdica pero significativa, escogí al jaguar como mi animal tótem de tierra. No tenía cosmovisiones de culturas mesoamericanas en mente. Escogí al jaguar por su naturaleza, por ser un felino americano ágil, poderoso, selvático, solitario (no de manada), que puede habitar tanto en montañas como en zonas de playa y que sabe nadar. Atraviesa ríos, lagunas y humedales a nado. También de manera juguetona lo escogí porque caza a mazatzin, la venadita en náhuatl. Pensé en el jaguar como un animal macho, de energía masculina.

Pero al leer sobre el jaguar en la cosmovisión maya, se me abrió otra alternativa interesante de interpretación. En la visión maya el jaguar es Ix, el nahual, animal de poder o espíritu tutelar que representa a las montañas, la vitalidad y la energía femenina, capaz de tornar la energía negativa en positiva.

Mural de jaguar en el Ix Café, Brooklyn

Esto último me hizo pensar en mi hermana, la Negrita, cuya personalidad y energía vital tienen esas características del Ix y cuya sabiduría enriquece mi vida. Al leer lo que escribí sobre Tepeyóllotl, el jaguar corazón-de-la-montaña, ella me contó que su tótem, en la danza mesoamericana de la Luna que practicaba, era el jaguar. Y me escribió sus razones para haberlo escogido:

“La última noche cada una danzaría pintada y vestida con su animal de poder. Yo le pregunté a Dios cuál iba a ser el mío. Al día siguiente vi, como dibujado en la pared del baño, un jaguar. Se supone que cuando te llega información especial de un animal de poder es porque la Divinidad y la Madre Naturaleza te van a bendecir con la energía que necesitas en ese momento: en este caso la energía del espíritu del jaguar.

Busqué información y supe que el jaguar es el más poderoso de todos los felinos: primero porque es sigiloso, luego porque anda en la tierra pero también nada, caza igual de día o de noche, y tiene la mandíbula más grande y fuerte de todos.

Para mí el sigilo es la prudencia. La mandíbula es la palabra filosa, precisa y poderosa. El agua, las emociones y sensibilidad; la tierra, la productividad y riqueza. El color de su piel es el fuego o poder; las manchas, las estrellas, o sea la visión o entendimiento de los tiempos que se viven”.

Me gustó tanto lo que me escribió la Negrita que lo comparto aquí, con su permiso. Y yo continúo meditando sobre los animales tótem que me han aparecido en la montaña, el bosque y la playa.

Se les puede dar interpretaciones naturalistas, animistas o divinas. Mi tendencia es naturalista: al ponderar las características y comportamientos naturales de un animal en su ambiente, aprendo lecciones de filosofía vital que me ofrece Natura Naturans. Pero en estos tiempos me interesan también los significados animistas de los animales en culturas originarias como las mesoamericanas.

Jaguar en Costa Rica (Foto: B. Lee)

(Foto de portada: Grace Chung)

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