Tepeyóllotl

Tepeyóllotl significa “el corazón de la montaña” en náhuatl (tépetl, montaña; yóllotl, corazón). En la mitología mexica, es el dios de los sismos y los ecos. Se le representa como jaguar y es una manifestación del dios Tezcatlipoca.

Tepeyóllotl en calendario del Códice Borgiano (Foto: Internet Archive Book Images)

Hay una compleja interpretación histórica y antropológica sobre Tepeyóllotl. Pero yo ando en busca de mi interpretación vital.

Estoy en antiguas tierras huetares de Garabito, pocos kilómetros al sur de la frontera meridional de la Mesoamérica prehispánica. Los territorios huetares, de lengua y cultura chibchas, colindaban al norte con los chorotegas, de lengua mangue y cultura mesoamericana. Un poco más al norte, en el actual Pacífico nicaragüense, habitaban los nicaraos, también mesoamericanos de lengua náhuatl.

Cerámica chorotega con detalles que representan la guerra sagrada entre la luz y la oscuridad, en la forma del dios Mixcóatl (izquierda) y Tezcatlipoca en forma de jaguar (Tepeyóllotl). Guanacaste, Costa Rica: 800-1300 d. C. (Fuente: Reino de Nicoya)

Así que en estas tierras cercanas a la antigua Mesoamérica pondero a Tepeyóllotl. ¿El corazón de la montaña, representado por un jaguar?

Al anochecer observo el relampagueo sobre la cumbre del Cerro Turrubares y escucho el eco de los truenos. El retumbo estremece la tierra. Cimbra. Mi cuerpo vibra también con la tierra.

Es como si un jaguar rugiera desde el corazón del monte al anochecer, cuando llega la oscuridad, su tiempo más activo para movilizarse por la selva tropical y cazar.

¿Quizá el jaguar sagrado que ruge en el trueno es un tótem que me ha traído un mensaje? ¿Pero cuál? ¿Movilizarme? ¿Buscar los territorios del jaguar? ¿Cazar?

Hace unos días, en las orillas de Quebrada Bonita, en el corazón del bosque tropical, vi a una cierva y su cervatillo bebiendo agua.

Esa mañana yo era el único visitante al Parque Nacional Carara y la fauna se sentía muy libre. Se asomaba por senderos y quebradas donde normalmente se esconde. Ya había compartido parte de mi caminata con una guatusa (agutí) amistosa. La venadita y su cría me dejaron observarles en el cauce de la quebrada.

Madre e hijo después de saciarse de agua fresca

Me conmovieron. Aliviaron mi corazón solitario en el bosque. La única forma en que yo les cazaría sería con la percepción, la memoria y el amor de mi corazón.

Debo seguir indagando lo que me quiere decir Tepeyóllotl cuando ruge desde el corazón de la montaña. ¿Quizá se trata de acechar y cazar los momentos de belleza que me presenta Natura Naturans? Lo entenderé en mi corazón yóllotl.

Cerro Turrubares al amanecer, después de la tormenta

(Foto de portada: Representación de Tepeyóllotl en el Códice Borgia).

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