Cuidar el jardín, con el abejorro y la lagartija

Ha sido una semana marcada por el desánimo para mí. Ni siquiera sabría explicar por qué. La mezcla de motivos va desde lo político –la destrucción sin escrúpulos de mundos sociales, culturales, económicos y naturales que estoy presenciando en Costa Rica, América y el globo–, hasta lo íntimo –el duelo por la pérdida de una persona amada no es lineal, tiene muchas fases y se disfraza con muchas máscaras–, pasando por lo hogareño –no he logrado identificar ni erradicar la plaga que está atacando a la passiflora alata en mi jardín josefino.

Con todo, he hecho lo posible por levantar el ánimo o por mantenerme activo y con sentido de propósito, a pesar del desánimo. Entre otras cosas, disfruté una conversación de una hora con un estudiante de filosofía que quiere y sabe aprender y me buscó para relacionar el pensamiento de Ralph Waldo Emerson al de Platón, los estoicos y Spinoza, más allá de lo requerido en mi curso de filosofía americana de este semestre. Escribí bastante en mi cuaderno personal, ya que no estoy escribiendo nada literario ni académico. Y cuidé mi jardín.

Continúo intentando erradicar la plaga de la pasiflora, invisible para mí, con insecticida y plaguicida natural y orgánico. He regado un poco más las plantas y arbustos porque avanza la estación seca. Aunque haya habido una seguidilla de frentes fríos, no ha llovido, solo garuado un poco, a veces.

Bulbos recién sembrados

Y hoy sembré dos bulbos de lirios que dan flor roja y un lirio caminate (Neomarica northiana) directamente en la tierra, buscando los rincones con tierra más fértil en el jardín. Les hice buenos hoyos, los traspasé de las macetas en que estaban y los sembré. No sé si de acuerdo con el calendario agrícola lunar es el mejor momento del mes para hacerlo –mi Papá sabía, mis hermanas saben también–, pero sentí ganas de hacerlo hoy y lo hice. Después les di agüita fresca y abundante de beber y los bendije.

Mientras lo hacía, llegó el abejorro que poliniza las flores de la pasiflora. Aunque la planta está bajo asedio, sigue floreciendo y el abejorro sigue llegando. Ya viene un fruto en camino, madurando poco a poco. En esto capté una de las enseñanzas de la naturaleza que Emerson clasifica como disciplina moral: la perseverancia de la pasiflora para florecer y dar fruto me enseñó lo que hoy necesitaba aprender de la naturaleza.

El abejorro se alojó en esta flor

Y aquí viene un fruto

También una de las lagartijas que vive en el jardín se quiso resguardar del agua que inesperadamente le estaba cayendo encima y se escondió en la corteza desprendida de un tronco seco.

Aquí se escondió la lagartija

Esos dos pequeños detalles de vida –esos dos seres vivos acompañándome en un jardín al que cada vez visitan menos aves por el ruido del tránsito urbano y el asedio del asfalto y cemento que elimina árboles– me consolaron y dieron algo de ánimo. Por hoy, eso ya es gran bendición.

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