Un migrante en el jardín

Chorreábamos el café negro, calentábamos las tortillas de maíz y picábamos la papaya, el banano y la uchuva para desayunar cuando vi, a través de la ventana de nuestra cocina, un destello amarillo volar por el jardín y posarse en el rosal de flores también amarillas. Observé al pajarillo durante su fugaz descanso en el tallo espinoso. Avisté las listas rojas en su pecho, los tonos oliváceos en sus alas y flancos, su testa color yema de huevo y sus ojillos negros como dos ónices diminutos.

Pronto voló y se fugó de mi vista para esconderse, quizá, entre los tallos y hojas de la granadilla de monte que trepa en el muro, o posarse en alguna rama del árbol de cas en el jardín contiguo. Pero ya lo había identificado. Era un macho migrante del chipe amarillo o reinita de manglar (Setophaga petechia). En su trayecto del Norte al Sur se detuvo en nuestro jardín para saludarnos y dejarnos el brillo de su alegría en un día gris de estación lluviosa. Por ello, le agradecimos.

¡Bienvenidos sean siempre los migrantes!

(Foto: Mathurin Malby)

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