Italiano para principiantes

La otra noche procuré viajar en el espacio y el tiempo a través del cine. Como no se puede ir a Italia en persona, viajé por medio de la película Italiano para principiantes, una de mis favoritas. El filme no es italiano sino danés: Italiensk for begyndere (Lone Scherfig, 2000). Es parte del movimiento Dogme 95 del cine danés.

La trama es sencilla: nueve personas solitarias estudian italiano para principiantes en un pueblito de Dinamarca como forma de acercarse a otras personas y deciden viajar juntas a Venecia. Viven distintos tipos de duelo que se van revelando poco a poco y el desenlace acontece en los canales, plazas y callejones de Venecia. Al ver la película, viajé con esos nueve corazones rotos pero esperanzados.

Nueve corazones en Venecia

También viajé en el tiempo pues había visto la película una única vez, hace ya más de quince años, cuando era estudiante de doctorado en Pensilvania. Los fines de semana, solía ir a ver películas internacionales con mis amigos y amigas en un pequeño auditorio del campus de la universidad. Luego salíamos a comer o tomar una cerveza en el pueblito, un típico college town de la Yunai. En algún momento vimos Italiano para principiantes y a mí me conmovió tanto que desde entonces ha sido una de mis cinco películas favoritas.

Amigos: Mortensen el buenazo y Finn el rudo

Recordaba pocos detalles, sobre todo de algunos personajes. Dos pastores luteranos sufren una crisis profunda pues sus esposas han muerto. El anciano, por la ira de su dolor, renuncia a la fe y piensa que Dios no existe, es sólo un concepto. El joven renuncia a la idea de un Dios externo y trascendental y piensa que Dios vive en el corazón de los seres humanos cuando se aman. Una peluquera y una pastelera han perdido a su madre y a su padre, respectivamente. Un tipo rudo pero de buen corazón carga con una profunda soledad desde su orfandad. Un tipo buenazo y tierno sufre por ser impotente. Y una ragazza joven busca su gran amor.

La pastelera, el pastor y la peluquera

No recordaba cómo se encuentran, desencuentran y reencuentran los personajes. Tampoco los detalles de su sensibilidad y humanidad, tan falible y emocionante a la vez.

Al ver el filme de nuevo, me gustó todavía más que antes. Creo que es porque he vivido más situaciones de bienestar y malestar. He cometido muchísimos errores más, de diversa índole, tantos que ya no podría juzgar a nadie aunque quisiera. He hecho algunas cosas bien. He vivido amores significativos y desamores devastadores. He sentido con más agudeza el dolor de las pérdidas y el renacer de la esperanza. Entiendo mejor a cada uno de los personajes. Quizá soy más compasivo.

Sospecho que dentro de quince años, si logro ver la cinta entonces, me gustará todavía más. No sé que sucederá hasta entonces. Sólo sé que la vida continuará como dice el Predicador del Eclesiastés:

“En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a fin de que el ser humano no sepa qué trae el futuro” (Ecl 7:14).

Vos que leés y yo respiramos todavía. Tenemos posibilidades de vivir el bien, descubrir bienestares inesperados y levantarnos de las adversidades.

La ragazza enamorada nos dice: ¡Salud! Salute! Skål!

(Fotos: IMDB)

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