Rumbo Sur: Esferas en el Diquís

Entre Palmar Sur y Sierpe, en la región del delta del río Grande de Térraba, se encuentra el sitio arqueológico Finca 6. Se llama así pues se ubica en una antigua finca de una compañía bananera transnacional que por décadas cultivó fruta en esa zona.

El sitio rescata el legado cultural de los pueblos originarios del Gran Diquís desde el 1500 a.C., sobre todo entre el 800 d.C. y el 1500 d.C., años de mayor desarrollo ecónomico y social en aquella planicie pluvial. La región se denomina Diquís por el nombre en lengua boruca del río Térraba: Dí Crí, “agua grande”.

La visitamos en enero, en nuestra gira al Pacífico Sur de Costa Rica. Primero recorrimos el museo y luego el sitio arqueológico.

Jaguar de cantería

En el museo apreciamos las obras de cantería, como metates, esferas de piedra y espigas esculturales creadas por artistas anónimos de los pueblos originarios de la región.

Espiga escultural

Al caminar por el sitio sintiendo el fuerte calor del trópico húmedo, nos impresionó constatar el alineamiento de algunas esferas parcialmente enterradas. Son de las pocas que se encuentran aún en sus sitios originales, según las colocaron los antiguos del Diquís.

Dos esferas alineadas

La gran mayoría de esferas fueron removidas de su sitio y extraídas en la época de producción bananera. El saqueo destruyó la información que la disposición original de las esferas hubiese proveído a nuestro conocimiento arqueológico. Peor aún, irrespetó la obra escultórica, arquitectónica y posiblemente astronómico-religiosa de los pueblos originarios.

Esferas peregrinas: Recuperadas por el Museo Nacional de Costa Rica mediante decomisos y devoluciones voluntarias, han regresado al delta del Diquís, aunque su ubicación original se desconoce.

Debido a esa pérdida cultural masiva, la alineación más impactante es de tres grandes esferas en un eje este-oeste. Nos conmovió poder apreciarlas en dirección hacia el punto en el horizonte donde surge el sol naciente de equinoccio.

Esferas alineadas: Vista hacia el este

También distinguimos, en la topografía, los montículos que los antiguos habitantes crearon para construir las casas y edificaciones principales de su poblado. Hoy se distinguen los montículos a pesar de estar cubiertos de zacate y rodeados de zanjas de drenaje de los antiguos bananales.

Esfera y montículo

Todo esto lo disfrutamos rodeados por un entorno natural hoy habitado por monos tití (Saimiri oerstedii), gavilanes polleros grises (Buteo nitidus), batarás barreteados (Thamnophilus doliatus) y arroceritos albinegros (Sporophila corvina).

Color. Belleza. ¿Deleite de colibríes?

Aunque muchos aspectos de esas culturas originarias continúan siendo un misterio, recorrimos el sitio con agradecimiento y esperanza.

Yo, al menos, tengo dos esperanzas razonables y sensibles, como las denominaría mi tradición filosófica influenciada por Ralph Emerson y Charles Peirce.

Primero, aún hoy podemos aprender a admirar las culturas de los pueblos originarios y convertir esa admiración en respeto solidario por los pueblos actuales y sus territorios.

Segundo, en principio no hay misterios irresolubles: quizá surjan nuevos descubrimientos, nuevas técnicas y métodos de investigación y nuevos datos que nos permitan entender más sobre las culturas que poblaron el Gran Diquís antes de la Conquista.

Por ahora, nos queda la experiencia inolvidable de caminar entre montículos, esferas, espigas y Vida.

Esferas y espigas: ¿Cuáles mensajes preservan que aún no podemos descifrar?

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